fy"> Es en el contexto relacional del apego seguro donde Fonagy (1997) entiende que se desarrolla la función reflexiva (término que prefiere al de teoría de la mente), entendida como la capacidad de reflexionar sobre temas personales e interpersonales y entender a los demás. Función que implica capacidad para evaluar adecuadamente la realidad, diferenciando entre lo interno y lo externo, de forma que el individuo puede predecir las consecuencias de los sucesos interpersonales al atribuir ideas y sentimientos al otro y puede observar y predecir su conducta y las interacciones con mayor autonomía y seguridad.

Cherro y Trenchi (2007) insisten también en que las relaciones objetales tempranas son las que posibilitan al bebé re-equiparse con un sistema que le permita la comprensión de los estados mentales de los otros y de sí mismo gracias a la empatía, el apego seguro, la función reflexiva y la resistencia o fortaleza emocional.

 

INTELIGENCIA EMOCIONAL

Tirapu y cols (2007) recuerda que Thordinke en 1920, definía la inteligencia social como la capacidad de percibir los propios estados mentales y los de otros para actuar de forma optimizada. Y señala que el concepto de inteligencia emocional y social en la actualidad, podría recoger las siguientes competencias:

La prolífica investigación que viene desarrollándose en los últimos veinte años en torno al constructo Inteligencia Emocional se articula en tres modelos predominantes (Fernández-Berrocal y Extremera, 2006). A saber: el modelo de Goleman, el de inteligencia emocional-social de Bar-On y el modelo de habilidad de inteligencia emocional de Mayer y Salovey, cuyas características diferenciales quedan destacadas por Aladren (2007) en la tabla III.

El grupo de Mayer y Salovey se apoya en la teoría de la emoción de James-Lange y en el modelo de dos factores de Schachter y Singer, tomando en consideración la activación fisiológica, la evaluación cognitiva y la emoción entendida ésta como la experiencia resultante de una interacción entre actividad fisiológica y cognitiva. Como recoge Aladren, Mayer y Gasche (1988) abordan el estudio de la experiencia emocional en base a la experiencia directa y la experiencia de nivel meta (reflexiva o meta-estado emocional) y concluyen que las emociones pueden representarse por las dimensiones agradable/desagradable y activado/calmado, aunque desde el punto de vista de la experiencia, el contenido de la emoción puede dividirse en los subdominios físico, emocional y cognitivo, describiendo en cada uno de ellos dicha bipolaridad que toman de Wundt.

Mayer y Salovey (1997) entienden que la inteligencia emocional «... implica la capacidad de percibir con precisión, evaluar y expresar la emoción; la capacidad para acceder y/o generar sentimientos cuando ellos faciliten el pensamiento; la capacidad de comprender emociones y conocimiento emocional; y la capacidad de regular emociones para promover el crecimiento emocional e intelectual». Supone pues, un procesamiento de información emocional muy saturado cognitivamente, una zona en la que converge emoción y actividad cognitiva consciente e intencional por lo que cabe estudiar competencias en términos de criterios de actuación.

Determinan 3 niveles de procesamiento en la regulación emocional.

Se produce al margen del conocimiento consciente, ya sea por operar a un nivel neurológico inaccesible a la conciencia, por ser automatizado y no atendido, o por otras razones.

Consideran la posibilidad de que la construcción de emociones en este nivel ocurra por combinaciones biológicamente programadas de experiencia fisiológica y reacciones cognitivas en las que también estaría implicada la historia temprana de reforzamiento. Entienden que las mutuas implicaciones entre la disposición fisiológica y la historia de aprendizaje pueden conformarse mediante las transacciones emocionales establecidas desde el nacimiento a lo largo del desarrollo.

Las reacciones emocionales implican valoraciones automáticas del entorno con escasas cogniciones reguladoras, por lo que las valoran más en términos de adaptación que de inteligencia. De hecho, reconocen en este nivel vías de regulación no consciente de la emoción como los mecanismos de defensa que, al menos en algunos casos, pueden haberse originado como estrategias conscientes de regulación que se han convertido después en no conscientes por la intervención de mecanismos de repetición y/o automatización.

Hipotetizan que el conocimiento consciente de algunas de las defensas for-madas junto con estrategias saturadas cognitiva o intencionalmente permitirían su modificación.

Conocimiento (pensamientos, auto instrucciones, etc.) consciente y fugaz, sólo atendido de forma periférica, no ensayado y con poca probabilidad de ser recordado.

Se trata del nivel reflexivo o meta que implica una auto-observación amplia y pensamientos acerca de uno mismo; requiere atención y con probabilidad podría ser recordado. Implica activi-dad cognitiva intencional y extensa, tanto en recursos como en tiempo, tendente a comprender, definir y realzar la emoción.

 

El reconocimiento y regulación de los afectos y en concreto, el de las emociones propias, así como la identificación e interpretación de los estados emocionales ajenos, forman parte de la complejidad de recursos que posibilitan una comprensión y adaptación al medio humano y externo. «...la complejidad que entrañan las comunicaciones humanas, las sucesivas y múltiples intuiciones y/o inferencias que se realizan en cada actividad interpersonal exige de nosotros una serie de competencias que nos permitan penetrar en los mundos mentales ajenos y propios» (Valdez, 2006).

Efectivamente, permiten comprender la conducta propia y «de los otros, anticiparla y coordinarla de forma coherente con nuestra propia conducta», como apuntan Rodríguez Guzmán y cols, y considerar que uno y otros actuamos guiados por deseos, creencias, intenciones y representaciones y que uno mismo y los otros poseemos un universo afectivo y experiencial diverso. Y así, en última instancia, permiten organizar el mundo interno y externo y vivir en relación.

NOTA

Las referencias bibliográficas se consignarán al final del último artículo.

 

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