al">El diseño se corresponde con la parte final del Programa de Recuperación Personal presentado anteriormente:
1. Autoevaluación de la situación actual:
– Rutina.
– Roles.
– Capacidades o destrezas / Limitaciones.
2. Identificación de valores e intereses actuales y pasados.
3. Establecimiento de objetivos de vida futuros ajustados a los valores e intereses identificados y al estado actual de la persona.
4. Planificación de la metodología y actividades necesarias para la consecución de dichos objetivos.
5. Establecimiento de una rutina satisfactoria que incluya la participación en actividades significativas y el desempeño de roles que configuran la identidad de la persona.
PRÁCTICAS APLICADAS AL FUNCIONAMIENTO RESIDENCIAL
Dado que para la participación en el Programa de Recuperación Personal, tanto en formato grupal como individualmente, requiere de una capacidad de análisis e introspección de la que no disponen todas las personas, se consideró más efectivo para generalizar los beneficios al mayor número posible de usuarios trasladar su metodología al funcionamiento cotidiano en la Miniresidencia. Esto se ha concretado en una serie de prácticas aplicadas al proceso individualizado de atención residencial así como al diseño y organización del recurso. Es importante señalar que resulta difícil retomar el sentido de control sobre la propia vida, si no se dispone de oportunidad para influir sobre el entorno.
A. Proceso de atención residencial
A continuación se describen aquellos aspectos metodológicos que favorecen que las personas se impliquen y participen activamente en su proceso de atención en las diferentes fases del mismo:
Fase de Evaluación
La recogida y análisis de la información sobre el funcionamiento psicosocial de la persona se llevará a cabo de manera compartida con ella. En cualquiera de las áreas se hace imprescindible ir poniendo en común con la persona la información que se va obteniendo, ir analizándola e identificando con ella las necesidades concretas que se van detectando. Por ejemplo, si se observa que una persona tiene una dificultad de atención que interfiere para que pueda seguir todos los pasos que conlleva la elaboración de un plato durante la actividad de cocina, es fundamental que se señale dicha observación en ese momento, comentando con ella que la dificultad que está presentando para seguir la secuencia limita la posibilidad de desempeñar la actividad con buenos resultados. De esta manera la persona irá identificando por sí misma, la necesidad de trabajar este aspecto para aumentar su autonomía al respecto.
Es importante recabar información sobre sus expectativas de vida previas a la aparición de la enfermedad. En las ocasiones en las que la persona no es capaz de identificarlas, es necesario tener en cuenta cuáles son sus principales inquietudes y preocupaciones presentes y futuras, sin olvidar la influencia que el pasado puede tener en las mismas.
Establecimiento de objetivos
En ocasiones, previo a poder concretar objetivos que la persona se plantea conseguir, es necesario realizar un ajuste de las expectativas futuras con relación a su situación actual. Para ello es probable que requiera contrastarlas con la práctica diaria, mediante la participación en las actividades cotidianas. Estas actividades, además de permitir que la persona vaya mejorando en relación a sus diferentes componentes ocupacionales, personales y sociales, permite que vaya contrastando el ajuste entre sus expectativas (valores, intereses...) y su situación presente (sentido de capacidad y autoeficacia, habilidades, limitaciones, entorno físico y social). Se puede dar el caso de que alguna persona plantee, por ejemplo, el objetivo de trabajar, cuando llevan muchos años sin participar en una actividad de carácter productivo y sin contar con la situación personal actual en la que se encuentra. Cuando el profesional ha recabado información sobre dificultades concretas que puede tener para incorporar este tipo de actividad en su rutina, puede apoyar a la persona a identificar las potencialidades y dificultades que tendría para ello, mediante la orientación sobre algunas actividades en las que participar para contrastar sus expectativas como jardinería, tareas de limpieza...etc. Estas estrategias son más eficaces que aquellas centradas en la discusión dialéctica.
Sobre la base de las expectativas ajustadas y a las necesidades detectadas de manera conjunta entre la persona y el profesional, se establece un acuerdo sobre los objetivos a conseguir. Desde el papel de orientación y apoyo ejercido por el profesional, es necesario tener en cuenta las prioridades del usuario ya que al igual que en cualquier proceso terapéutico resulta crucial que las primeras intervenciones respondan a los motivos o demandas del cliente o paciente.
Fase de Intervención y seguimiento
A la par que se van abordando los planes futuros y éstos se van operativizando de forma viable, cada usuario puede ir concretando las actividades de la MR y los recursos comunitarios desde los que podrá ir trabajando para la consecución de los objetivos. Para ello, el papel de los profesionales consiste en ofrecer todas las herramientas técnicas de las que se disponga (registros, análisis de situaciones, moldeado, modelado...), así como analizar los recursos ambientales (materiales, sociales y comunitarios) para la consecución de sus objetivos.
Para ello la Miniresidencia ha de ser un entorno en el que la persona pueda ir experimentando una progresión en su proceso constituyendo:
Un contexto seguro y poco desafiante en el que tomar contacto con su identidad personal, con su sentido de capacidad y con la posibilidad de explorar y controlar el ambiente.
Un entorno de desafío que le permita ir mejorando sus dificultades y aumentar su sentido de control interno y autoeficacia.
Un ambiente que le permita desempeñarse de manera competente y vivenciar un desarrollo personal que dé sentido y significado a su vida.
Cuando una persona presenta un desequilibrio en su rutina por la falta de participación en una actividad de carácter productivo y no se siente capaz de retomar una ocupación de estas características, se le puede ofrecer participar en una actividad que se encuentre entre sus intereses, como por ejemplo de la jardinería, ayudando en algunas tareas para el cuidado de las plantas en el recurso. En este caso se iniciará de manera que la persona no asuma ninguna responsabilidad sobre la actividad, incluyendo tareas que impliquen la observación y probar a regar en compañía de la persona que habitualmente lo hace. Posteriormente se pueden concretar que vaya asumiendo el desempeño de algunas tareas más complejas y sin la presencia de la persona responsable pero con su supervisión (regar cada tres días, quitar hojas secas, regar otros espacios...). Finalmente se puede establecer que la persona se encargue de manera autónoma del cuidado de las plantas, incluso buscar e incorporarse a un trabajo de jardinero, participando así el desempeño en un rol productivo.
La valoración del grado de consecución de los objetivos y la eficacia de la metodología empleada con cada persona, puede realizarse desde el seguimiento continuado durante la participación en las diferentes actividades, el establecimiento de reuniones periódicas y/o un grupo de Planificación personal. En cualquiera de los tres contextos, cada persona pone en común con otros compañeros o con el profesional, la eficacia de la metodología, la valoración del progreso en el trabajo encaminado a conseguir sus planes de vida, se revisan nuevas alternativas y se reajustan los objetivos cuando hay algún cambio o nueva necesidad.
B. Participación en el diseño y organización del funcionamiento del recurso
En relación a la implicación de los residentes en el diseño y organización del recurso, resulta imprescindible que exista un clima de diálogo y un entorno en el que se planifiquen las actividades, se discutan los problemas de la convivencia, se cuestionen las normas, respetando y considerando las aportaciones de cada miembro, favoreciendo la iniciativa personal. La asunción de la responsabilidad sobre la propia vida y sobre el afrontamiento de las circunstancias personales, se encuentran lejos de actuaciones en las que se dirige a la persona, se le dice lo que tiene que hacer y cuándo debe hacerlo.
Estas ideas se materializan en las siguientes vías de participación de las personas que residen en las Miniresidencias:
Las aportaciones a nivel individual que hace cada persona. Tanto al inicio del proceso de atención con cada usuario como durante su estancia en el recurso, pueden surgir necesidades que se hayan de cubrir con nuevas consideraciones sobre el funcionamiento o a través de nuevos diseños en relación a los programas y actividades. La Miniresidencia ha de ser un recurso flexible y dinámico abierto a nuevas propuestas.
Las propuestas que se lleven a cabo a través del buzón de sugerencias y la participación en la asamblea. Es necesario contar con espacios en los que las personas que residen en el mismo puedan exponer sus sugerencias, dudas, propuestas y tomar decisiones y consensuarlas con el resto de compañeros, con las personas con las que conviven y comparten parte de su vida.
Diseño conjunto de las diferentes actividades que se llevan a cabo en el recurso. Cada persona, con el apoyo de los profesionales responsables, puede identificar y exponer los objetivos que se plantea conseguir y proponer cómo llevar a cabo la actividad y cuál sería su participación para su consecución. Por ejemplo, se diseñará de un modo diferente la actividad de deporte, con aquella persona que se plantea incorporar una actividad de ocio a su rutina, que con aquella que la utiliza para establecer una red social.
La realización periódica de un espacio o jornada con la participación conjunta de profesionales y usuarios para el análisis y revisión del funcionamiento del recurso. Tanto para que las personas que viven en la Miniresidencia, sientan la misma como su hogar de manera temporal o indefinida, como para que se favorezca que tengan control sobre su entorno y en definitiva sobre su vida, es imprescindible que participen en aquellos espacios en los que se revisa el funcionamiento del recurso y se toman decisiones sobre el mismo. En estos espacios compartidos se pueden revisar la eficacia de las normas básicas de convivencia, la organización de actividades, el apoyo durante la fase de acogida... Crear grupos de trabajo, por ejemplo, para la revisión del diseño del «Folleto de acogida», puede ser otra de las vías mediante las cuáles se facilite su implicación en la organización del funcionamiento de la Miniresidencia.
CONCLUSIONES
La experiencia práctica del Programa nos ha permitido valorar diversos aspectos, entre ellos:
Favorece la implicación y la autonomía de la persona en su proceso de rehabilitación y en su vida.
La persona manifiesta una mayor iniciativa para plantear otros objetivos a trabajar u ocupaciones a iniciar o re-tomar.
Favorece la adquisición de estrategias para planificarse y organizarse que permiten aumentar la autonomía al alta, y mantener este funcionamiento de cara al futuro.
Proporciona un modo de procesar e interpretar diferente del quehacer diario: «no hacer por ocupar el tiempo, sino para mejorar aspectos personales y conseguir llevar a cabo ocupaciones que importan, son significativas y satisfactorias, en base a un equilibrio ocupacional, en base a los valores, intereses... personales, lo cual redunda en satisfacción, bienestar y calidad de vida».
Favorece, al ser en grupo y existir un estatus de igualdad, que los participantes se motiven mutuamente, se proporcionen estrategias ricas y cercanas, empaticen y cohesionen a través de situaciones de vida similares...
Permite que la persona se sienta conectada, perteneciente y participante en un grupo social.
Potencia una mejoría palpable en su causalidad personal respecto al sentimiento de eficacia, seguridad, reafirma su valor como individuo, su sentido de identidad y su efectividad para actuar en el mundo.
Sólo recibiendo de aquellas personas con las que trabajamos podemos evolucionar en nuestra práctica profesional en pro de su beneficio. Son ellos los que poseen el conocimiento de su situación, de su proceso y de su vida. Sin su voz, sus experiencias y sus consideraciones, no seremos efectivos en nuestro trabajo.
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