Los otros recursos sociosanitarios que están previstos en el modelo de Atención Sociosanitaria a la Dependencia.

Los profesionales de Atención Primaria reclaman como requisito imprescindible una interconsulta ágil y accesible (establecimiento de una «línea caliente» de comunicación) con los profesionales de las Unidades Interdisciplinares y la formación continuada en forma de interconsultas, cursos, talleres... En el ámbito urbano el servicio multidisciplinar de atención psicogeriátrica debería incluir, de forma independiente a los equipos de atención primaria, otros profesionales como enfermeras especializadas, psicólogos, terapeutas profesionales, fisioterapeutas, trabajadores sociales y personal administrativo que se encargaría de la atención integral y continuada del paciente anciano. Este servicio tendría que dar cobertura a todas las necesidades asistenciales especificadas en la declaración de consenso de la OMS y WPA sobre Psiquiatría Geriátrica: prevención; detección precoz; diagnóstico y evaluación; manejo terapéutico; atención continuada; apoyo y supervisión del individuo y sus cuidadores; información, consejo y asistencia psicológica; asesoría legal; asistencia a domicilio y en residencias4.

REFLEXIONES SOBRE LA FORMACIÓN PSICOGERIÁTRICA EN ESPAÑA

En una reciente revisión el Dr. Martín Carrasco5, desarrollaba de manera brillante las razones del abandono por parte de la Psiquiatría de la atención a los trastornos mentales en el anciano y causas de la baja utilización de recursos psiquiátricos por los ancianos.

Compartiendo el minucioso análisis realizado por este autor hay que subrayar que la situación en el momento actual a pesar del número elevado de especialistas en psiquiatría que se forma anualmente, no hay en el ámbito nacional un centro acreditado que permita la formación integral en la Psiquiatría Geriátrica. Esto hace que psiquiatras ya formados y los que se encuentran en formación no dispongan de la suficiente formación en áreas básicas para el desarrollo óptimo de esta disciplina como son la medicina interna para el manejo del «delirium», la neuropsicología y neuroimagen para el diagnóstico de las demencias y la depresión senil y en conocimiento profundo de otros síndromes neuropsiquiátricos clásicos como la enfermedad de parkinson.

Esta circunstancia y otros factores como la desmedicalización de los servicios de salud mental nos han conducido en nuestra práctica clínica de forma paradójica en muchos casos a una excesiva «psiquiatrización de la vida cotidiana» con el abandono de enfermedades como las demencias, en cuya conceptualización (Gustafson, McHugh, Tomlinson, McKeith...), evaluación (Blessed, Folstein, Reisberg, Rosen, Jorm, Roth, Royall...) y otras áreas la psicogeriatría ha jugado un papel tan importante. Estas críticas dirigidas hacia nuestra especialidad se completan con una reflexión crítica dirigida en general hacia muchos de los profesionales que atendemos a personas mayores con trastornos mentales en nuestro país; ésta consiste en que cuando parecía que habíamos superado el dualismo cartesiano (mente/cerebro), quizás nos hemos instalado en un nuevo dualismo cognición/emoción con resistencias o dificultades para integrar los déficit cognitivos y las alteraciones emocionales-comportamentales6. Esta postura que constituye una señal de conocimiento incompleto proporciona una visión empobrecida del estado mental del anciano y dificulta la instauración de un tratamiento integrador. Las posibles soluciones son la creación de servicios interdisciplinares y quizás la instauración de programas de formación flexible en disciplinas muy relacionadas como la Psicogeriatría, la Neurogeriatría y la Medicina Geriátrica estructurando parafraseando al profesor Barraquer una «neuropsiquiatría selectiva», en este caso, en el anciano7.

BIBLIOGRAFÍA

1. Mapa de los recursos Sociales y Sociosanitarios en Aragón. Análisis sectorial y comarcal. Departamento de Sanidad, Consumo y Bienestar Social. Gobierno de Aragón, Zaragoza, 2000.

2. Lobo A, Saz P, Marcos G y grupo ZARADEMP. El Estudio Zaragoza. Demencia y depresión en la población general geriátrica. Editorial Masson, Barcelona, 1997.

3. Lobo A, Saz P, Marcos G, Día JL, De-la-Cámara C. The Prevalence of Dementia and Depresión in the Elderly Community in a Southern European Population. The Zaragoza Study. Arch Gen Psychiatry (1995) 52: 497-506.

4. Declaraciones de Consenso de la OMS y WPA sobre Psiquiatría Geriátrica. Organización Mundial de la Salud, Ginebra, 1996. (Traducción realizada en nuestro país por el profesor Raimundo Mateos Álvarez.)

5. Martín M. Psicogeriatría y Geronto-Psiquiatría. Monografías de Psiquiatría (1999) 5: 67-72.

6. Muñoz-Céspedes JM. Contribuciones de la Neuropsicología a la Neuropsiquiatría del Daño Cerebral Traumático. Monográfico de Informaciones Psiquiátricas: «Daño Cerebral». (1999) 158: 301-316.

7. Barraquer Bordas LI. El sistema nervioso como un todo. La persona y su enfermedad. Ediciones Paidós, Barcelona, 1995.

AGRADECIMIENTOS

Al profesor D. Antonio Lobo, al Dr. Pedro Saz y al GZEMPP por su colaboración en la aportación de los datos del Estudio Zaragoza y del proyecto ZARADEMP.

A los Drs. Ana Echeverri y Jesús García y la Trabajadora Social de AFEDA D.a Ana López, por su colaboración en la redacción de esta ponencia.

Al Dr. José Galindo Jefe del Servicio de Geriatría del hospital Provincial de Huesca por sus inestimables aportaciones en la redacción de esta ponencia.

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