Si los síntomas persisten puede indicarnos que realmente nos hallamos ante una depresión postpsicótica. En estos casos puede ser necesario iniciar un tratamiento farmacológico, con la adición de una antidepresivo y manteniendo al paciente con el tratamiento antipsicótico. Becker, sin embargo, no encuentra ventajas terapéuticas en uso de antidepresivos por el riesgo que comportan de una exacerbación de los síntomas psicóticos productivos (alucinaciones, alteraciones del pensamiento).

Otros autores son más partidarios, creyendo prioritario el tratamiento adecuado del episodio depresivo, con las lógicas precauciones. Siris revisa los escasos estudios a doble ciego realizados con la adición de antidepresivos, encontrando resultados a favor y en contra de su empleo. No obstante, y pese a las dificultades metodológicas para comparar los resultados obtenidos con los distintos antidepresivos (amitriptilina, imipramina, maprotilina, nortripitilina, bupropion,...), el autor cree conveniente valorar su empleo, en especial de la imipramina, cuando realmente nos hallemos ante una depresión postpsicótica.

Respecto a la duración del tratamiento, hay un único trabajo a doble-ciego que defiende que no debe limitarse al tratamiento del episodio depresivo sino que un tratamiento prolongado o mantenido podría ser eficaz para evitar recurrencias, tanto depresivas como incluso psicóticas. Estos datos, no obstante, no están replicados y se precisan de más estudios a largo plazo para controlar los beneficios que el uso de estos fármacos realmente pueda aportar.

Las intervenciones de tipo psicosocial pueden ser muy eficaces en el tratamiento a largo plazo de los pacientes esquizofrénicos con síntomas depresivos. Actuaciones psicoeducativas, técnicas para el afrontamiento y resolución de problemas, para la reducción del estrés y terapias destinadas a la reducción de la expresión emocional son sin duda eficaces en el tratamiento a largo plazo de la esquizofrenia.

El tratamiento de los síntomas pseudo-depresivos o que fenotípicamente se confunden con la depresión merecen consideración aparte. En ellos es preciso instaurar un tratamiento específico, etiológico, evitando el uso erróneo y superfluo de antidepresivos.

Los síntomas negativos primarios responden mal al tratamiento farmaco-lógico y a otras medidas más específicas. Los nuevos antipsicóticos intentan incidir sobre ellos, aunque todavía no se dispone de datos que contrasten realmente tal eficacia. Por el contrario, los síntomas negativos secundarios responden mejor al tratamiento específico. La reducción, discontinuación o sustitución del neuroléptico, los nuevos antipsicóticos con un perfil atípico, el empleo de fármacos anticolínergicos y la rehabilitación psicosocial intensiva son alternativas sin duda eficaces y no excluyentes que nos ayudarán a resolver gran parte de la misma.

Cuando los síntomas tengan un origen extrapiramidal, como la acinesia, el primer paso consiste en reducir si es posible el tratamiento antipsicótico o substituirlo por otro con menos efectos extrapiramidales. Si ello no es posible suele responder bien a la adición de fármacos antiparkinsonianos. Un anticolinérgico, como el biperideno a 4-6 mg/día, mejora en pocos días o semanas la sintomatología. A menudo es preciso el tratamiento continuado con estos agentes para evitar su reaparición e incluso su empleo profiláctico indefinido.

El tratamiento de la acatisia también consiste en primer lugar en valorar la posibilidad de una reducción de la dosis de antipsicótico. Si no es posible o no resulta eficaz hay diferentes estrategias posibles, como es el empleo de benzodiazepinas, betabloqueantes o nuevamente de agentes antiparkinsonianos.

CONCLUSIONES

Los síntomas depresivos son frecuentes en el curso longitudinal de la esquizofrenia y siempre tributarios de una atención especial. Pueden corresponder a una multiplicidad de causas y diversas situaciones clínicas los pueden provocar y otras simular. Su correcta detección y valoración nos permitirá poder elegir la estrategia terapéutica más adecuada para cada caso y con ello aliviar el sufrimiento de los enfermos y paralelamente mejorar el curso evolutivo de la propia enfermedad esquizofrénica.

BIBLIOGRAFÍA

<< volver