ndo los altos niveles de estrés a los que se encuentran sometidas y, por tanto, su mayor demanda de atención sanitaria.
Es desde este enfoque del diagnóstico relacional donde se hacen más evidentes las diferencias de género, poniéndose de manifiesto que la demanda principal entre hombres y mujeres es diferente. Para el 23% de los hombres la demanda principal se centra en las relaciones externas mientras que para las mujeres sólo representa esta categoría el 12,6%. Son las relaciones de pareja la demanda principal para el 37,5% de las mujeres frente al 20,3% de los hombres, y este dato sin olvidar que el 53% de ellas son solteras. En el resto de categorías (laboral, familiar, de origen, hijos o problemas orgánicos) son similares los porcentajes para hombres y para mujeres.
Estos datos nos llevan a pensar que las obligaciones de los hombres están más ligadas a los vínculos extrafamiliares mientras que las mujeres asumen las responsabilidades del cuidado de los hijos, esposo y otros parientes; su estatus queda relegado al dominio de lo doméstico y de lo privado (Murillo, 1996). En este sentido cabe plantear que cuando la mujer hace una demanda, bien sea en relación consigo misma o referente a su pareja, lo hace desde asumir una responsabilidad de logro del bienestar familiar, confirmando su rol de género. ¿Cómo se refleja lo expuesto en la práctica clínica? Cuando la demanda la realiza el marido acostumbramos a implicar en el proceso terapéutico a su esposa haciendo un abordaje de terapia de pareja desde una atribución de corresponsabilidad en la problemática (Ravazzola, 1987, 1990).
No es así cuando la mujer consulta. Solemos plantear un abordaje individual por las pocas expectativas que tiene la mujer de que el marido colabore y por el propio sesgo cultural de la profesional que atribuye, de forma indirecta, la responsabilidad del cambio sólo a la mujer.
Si ampliamos nuestro foco, y esto teniendo en cuenta que en nuestra muestra hay un mayor porcentaje de mujeres con actividad fuera del hogar que las que se dedican exclusivamente a tareas dentro, estos datos apuntarían a que no son tanto los roles que desempeña sino la interiorización de los que considera prioritarios, lo que determina la demanda.
Lo que tradicionalmente se considera como mayor logro de la mujer, la autonomía económica, vemos que no es suficiente para que exista una percepción o sentimiento real de autonomía. Desde nuestro punto de vista, la autonomía no sólo ha de plantearse en términos de independencia económica sino en poder hacer cosas al margen del otro, algo que tiene que ver con el género. Es en otras áreas donde la mujer tiene más dificultad de definir su propia autonomía; al centrarnos en una autonomía económica, descuidando el resto, estamos perpetuando la frustración, la baja autoestima y la ausencia de cambio.
Pensamos que ha sido decisivo, y lo es en la actualidad, el acceso de la mujer al mundo laboral y a la independencia económica pero quizás la evolución necesaria de nuestro trabajo ha de ir encaminada a otros aspectos de la autonomía y a un reequilibrio de los conceptos de autonomía/dependencia. Desde ahí, y desde el cuestionamiento del concepto de reciprocidad, podremos entender y trabajar con aquellas mujeres que soportan malos tratos y otras situaciones sin descalificarlas, e incluso sólo así podremos trabajar con aquellas mujeres que han sido expulsadas del mundo laboral donde la pérdida de la independencia económica conlleva una pérdida de autonomía y de autoestima en el resto de los roles que desempeña.
Esta perspectiva juega a favor de ambos géneros posibilitando también y trabajar con los hombres, que habiendo sido expulsados del mundo laboral, pierden el único rol que les es reconocido y donde ellos se reconocen, y en aquéllos que pudiendo desempeñar su rol laboral se ven privados de otros roles gratificantes donde hombres y mujeres ganan.
Ésta es una época de transición donde conviven modelos ya establecidos y modelos nuevos. En el caso particular de la mujer genera malestar ya que está presionada por un nuevo ideal de mujer, caracterizado por el desempeño exitoso dentro y fuera del hogar. La ausencia de cuestionamiento de los roles tradicionales que desempeña y la falta de acompañamiento en este proceso por parte del hombre, que no está asumiendo tareas que la mujer ya no puede desempeñar en exclusiva produce de esta forma buena parte de los conflictos que abordamos en nuestra consulta.
Agradecimientos. A Gertrudis Odriozola Aranzabal por la realización del tratamiento estadístico de la muestra.
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