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Áreas, funciones o servicios de la pastoral
Danilo Luis Farneda Calgaro Teólogo pastoralista
Los contenidos de toda pastoral se inspiran en la vida y obra de Jesús de Nazaret. No puede ser de otra manera, ya que toda acción pastoral actualiza su presencia y su mensaje en los más diversos contextos. Para orientar nuestra reflexión, contamos con una amplia bibliografía proveniente tanto del magisterio eclesial como de las diversas aportaciones de la Teología Pastoral. Quisiera subrayar la luminosidad particular que se desprende de la Exhortación Apostólica Evangelii Nuntiandi de Pablo VI, promulgada el 8 de diciembre de 1975. A la luz de la Palabra de Dios y de la Tradición eclesial, el documento destaca cuatro funciones, servicios o áreas que debemos tener en cuenta a la hora de definir los contenidos pastorales: el anuncio (kerigma), la liturgia, la caridad (diaconía) y la vida fraterna (koinonía). En ellas se reflejan las formas en las que el Dios de Jesús de Nazaret actuó y actúa la salvación, contando con la acción mediadora de la Iglesia. Área de anuncio y formación (Kerigma) “Id por todo el mundo y anunciad la Buena Nueva” (Mc 16,15). Se trata de la mediación profética por la cual la comunidad creyente anuncia, desde la vida y desde la palabra, lo que cree. En esta área podemos ubicar tanto el primer anuncio dirigido a los no creyentes o a quienes tienen la fe dormida (la palabra kerigma significa “gritar” y hace relación al primer anuncio) como todas las formas de comunicación y profundización de la Palabra. Para que el anuncio sea posible es preciso crear las condiciones de apertura, suscitando la súplica por el sentido de la propia existencia. Área celebrativa y litúrgica (Liturgia) “Haced esto en memoria mía” (Lc 22, 19). Nos referimos a las diversas formas de manifestar y celebrar la vida en general y la vida de fe en particular. Jesús de Nazaret envió a sus discípulos a predicar y también a actuar la salvación prometida mediante los sacramentos.
Es comprobable la función terapéutica de la liturgia en general y de los sacramentos en particular. Para ello, la liturgia en sus dimensiones simbólica y sacramental debe encarnarse en la realidad. El lenguaje debe ser especialmente cuidado, promoviendo la comprensión y la participación con criterios didácticos adecuados. Área de relación de ayuda (Diaconía –caridad) “El hijo del hombre no ha venido para ser servido, sino para servir” (Marcos 10,45). Ponerse al servicio de las personas con enfermedad mental, con demencia o con discapacidad puede traducirse en múltiples acciones. El acompañamiento personal y grupal, sea sistemático o asistemático, centraliza, aunque no agota, las diversas formas que podemos tener de servirlos. Área de convivencia y animación (Koinonía) “Que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros” (Jn 17,21). Todo lo que genere sentido de comunidad, de fraternidad, se inserta en esta dimensión pastoral. Un sentido de comunión que debe tener expresiones tanto hacia el interior de la Comunidad Hospitalaria como desde la misma hacia la sociedad en general y hacia la iglesia parroquial, diocesana y universal. Estas cuatro áreas, funciones o servicios, actualizan, en las realidades más diversas, el plan salvífico de Dios. En el imaginario colectivo de muchas comunidades cristianas la pastoral suele centrarse en lo litúrgico-sacramental. Como acabamos de ver, esta postura no es sino un reduccionismo y un empobrecimiento del contenido de la pastoral. De ahí la importancia de detenernos a reflexionar y a compartir una visión integral fuertemente enraizada en la experiencia evangelizadora de Jesús de Nazaret y las primeras comunidades cristianas.
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