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Los Ronderos cantan la alegría de vivir
Son un grupo musical formado por hombres que han dado el salto gigante de la calle al escenario. Perdieron su hogar y se encontraron solos, desorientados, enfermos y sin rumbo. Sus vidas dieron un giro inesperado al llegar a la Obra Social Lluïsa de Marillac, de las Hijas de la Caridad en Barcelona. Allí se recuperan, ponen fin a su aislamiento y deciden crear el grupo para cantar y transmitir esperanza.
Montserrat Esteve
Alfonso Leonardi perdió la empresa hace 10 años y con el tiempo acabó sin familia, sólo y sin un techo donde cobijarse. No tenía ganas de vivir y jamás pensó que volvería a sonreír y a cantar tangos con maestría. “Iba derecho al mar para quitarme la vida como hizo la poetisa argentina Alfonsina Storni, que se suicidó. Unos mossos d’esquadra (policía autonómica) se dieron cuenta y me sacaron. Continué sin ganas de vivir y gracias a la música, al grupo Los Ronderos, volví a conectar con la vida. Ahora me da igual si vivo o no, pero ya no quiero suicidarme”, explica Alfonso. Este inmigrante italiano, de raíces argentinas, llegó a Barcelona hace 5 años y después del incidente en el mar residió en la Obra Social Santa Lluïsa de Marillac, para personas sin techo, donde conoció a Los Ronderos. En este centro de convalecencia para hombres, situado en el barrio de La Barceloneta de la ciudad condal, los residentes permanecen el tiempo necesario para recuperar la salud. Los atiende un equipo formado por las Hijas de la Caridad, profesionales y voluntarios, que paso a paso les ayudan a integrarse en la sociedad. Conforme se recuperan, se incorporan a talleres y actividades, como la música, y hace 5 años un grupo de ellos puso en marcha Los Ronderos. Pedro Javier es músico profesional y toca en el Portal de l’Àngel y en la Catedral, en pleno centro de Barcelona, junto con otros músicos de su país, la República Dominicana. Pedro Javier tenía problemas con el alcohol y, después de ser operado del corazón, ingresó en el centro Lluïsa de Marillac. “Tuve muchas recaídas con el alcohol, pero he tenido mucha ayuda de las monjas y los educadores”. Actualmente, Pedro Javier vive en un piso de acogida de las Hijas de la Caridad y su corazón operado y reciclado transmite alegría, agradecimiento y solidaridad. César Júlvez hace sólo unos meses que se ha incorporado a Los Ronderos. La droga le atrapó y pasó unos años en la cárcel. “Últimamente estaba deprimido, no comía, no tomaba la medicación y dejaba que la vida hiciera conmigo lo que quisiera. Sufrí una pulmonía y al venir al centro empecé a salir del pozo. Ahora tengo ilusión y espero que pronto mi mujer salga de la cárcel y podamos disfrutar con nuestros hijos, que viven con mi suegra”.
Los Ronderos cantan en las fiestas de La Mercè de La Barceloneta y en las residencias de ancianos, hospitales y cárceles. Verlos actuar es un espectáculo de fiesta y alegría. No paran de cantar rumbas, pasodobles, sevillanas, tangos y canciones populares. Y lo que más sorprende es que transmiten un río de esperanza. La vida tiene tonos, matices y colores nuevos al lado de estas personas que actúan de forma solidaria, sin tener siempre lo necesario para vivir.
Los Ronderos aportan valores El equipo de la Obra Social Lluïsa de Marillac trabaja conjuntamente con los servicios sociales, los hospitales y las áreas de atención a las drogodependencias. Su director, Eduard Sala, cree que “las personas que tocan en el grupo musical Los Ronderos aportan valores a la sociedad. Los que tienen la oportunidad de conocerlos saben que estos hombres rompen el cliché que a menudo se les ha puesto injustamente de: tú no vales, tú no eres importante y no podrás serlo”. David Vázquez, coordinador del centro, considera que “salir a actuar en un escenario es una terapia y la música permite acompañar a estas personas en el proceso de recuperación e integración”. Pero Los Ronderos actúan siempre acompañados de una mujer, Pilar Férriz, responsable del taller de música. Cada semana ensaya con el grupo, al que asisten los que viven en el centro y los que ya están dados de alta. Pilar valora el hecho de que “los músicos y cantantes cuando actúan se concentran en hacer felices a la gente y se olvidan de sus problemas”.
Me siento como si fuera Manolo Escobar Es cierto que quien canta sus males espanta. Lo dice el refrán y lo corroboran Los Ronderos. “Cuando yo canto me siento como si fuera Manolo Escobar, un cantante profesional. Si yo no estuviera con Los Ronderos me daría un infarto de miocardio y tendría que venir corriendo el 061 y el Samur”, cuenta Román Cendín, que rebosa entusiasmo, toca las palmas con encanto y sueña con cantar un día en un plató de televisión. Conocer a Los Ronderos me ha dado una chispa más de felicidad y me ha enseñado de nuevo que las personas sin hogar se merecen lo mejor que la sociedad pueda ofrecerles. Colaborar con las entidades que los ayudan es una manera de tenerles en cuenta. Lo es, también, mirarlos con dignidad. Ver su rostro en la calle y creer en ellos, en vez de huir y dejarlos como imposibles. Los Ronderos son solidarios, comprometidos, estupendos y ricos como personas. Desde aquí para ellos: reconocimiento, felicidades, rosas y aplausos. Y ya que estamos en plena crisis, que menos que un contrato para ellos para animar fiestas de barrio y en centros. Su manera de hacer música no los dejará indiferentes.
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